La noche sonaba a Blues y bien cierto era porque Jimmy Burns arañaba con sus dedos las cuerdas de la guitarra en la misma plaza donde le observaban seguidores, desinteresados y otros tantos curiosos como yo. Estuve en el Cáceres Blues Festival.
Se vuelven a poner los pelos de punta al recordar los solos de guitarra y armónica enrevesados y traviesos que podían alargarse sin ver el toque final. El Blues es melancolía, una tristeza mezclada con un sabor eufórico y risueño que sube y baja a puntos extremos siguiendo un mismo patrón musical pero improvisando cada nota, el blues define cómo es la vida, un vaivén de patadas en el trasero y tristezas que nunca sabes cuando van llegar pero no queda otra que responderlas con una sonrisa y reirse de sí mismo. El blues es cantar la angustía con golpes de carcajadas, es reirse de la vida y de la muerte al mismo. Al menos eso es lo que yo siento cuando lo escucho.
Por otro lado la ciudad de Cáceres, es acogedora, sin exceso de gente aquella noche, lo que se traduce en tomar unas copas con los amigos y escuchar buena música en un lugar perfecto. Mi sorpresa de la noche: no me imaginaba que la armónica sonara tan condenadamente bien.
Aquí dejo una muestra. Hasta pronto vaqueros.
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Xelaya
19 octubre 2010 at 19:30ese indión!!!!! :$
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