– Dime una razón por la que quiera volver a verte.
– Te quiero, ¿no es suficiente?, quiero…tenerte a mi lado.
– No es suficiente, no me sirve.
– ¿Por qué?
– Porque yo nunca lo hice.
Aquel día en el tren Laura estaba tomando un helado de frambuesa cuando Juanjo hizo caso omiso al pasar la lengua por su lunar. Se acercó a él y le intentó incomodar con su presencia, pero ni siquiera consiguió una mirada fugaz suya. Movía la cabeza haciendo volar su pelo hacia su cara y rozaba su hombro con su brazo aprovechando que el tren estaba lleno de gente.
– Lo dejé con ella, cambie todo lo que me rodea, por ti, y ¿nunca hubo nada?
– No lo sé.
Juanjo cazó su mirada y ella volvió a pasar la lengua por sus labios. Era una chica guapa, cara perfilada y de piel final y blanca, pero sobre todo ese lunar brillante sobre el labio hacía sentir a Juanjo débil, insignificante. Miró hacia otro lado y Laura se percató de que le tenía, le poseía. Antes de salir del tren le pasó una nota, con un número. Y desapareció.
– ¿Entonces por qué ese día me diste el teléfono?
– Mira la Luna…
A Laura le encantan los eclipses de Luna, duran segundos, minutos, la Luna brilla y por un momento se va para aparecer después, nueva. Aquella noche había un eclipse lunar y Laura no se había dado cuenta.












