En los márgenes de una página no se debe escribir. En la escuela te enseñan que hay que empezar a escribir a partir de la línea vertical y después mantener las palabras lo más rectas posibles a la doble línea horizontal. Yo siempre escribía bien sobre las horizontales porque me explicaron que así quien te leyera te iba a entender mejor. Pero nunca me dijeron por qué no se debía escribir en los márgenes. Desde pequeño yo me salté todas las reglas que no tenían una explicación. Escribía dibujos e historias en los mismos haciendo caso omiso a castigos y avisos. Los márgenes no sirven para nada, se escribe aquello que deshechas y no es relevante, se escriben los pequeños detalles que pueden hacer un cuaderno diferente y una vida desplomarse. Se escribe si tu quieres. Y por ello, cuando Lucía cerró la puerta con un golpe que dejo un eco irritante en la casa, me pregunté en qué había fallado, si había violado una regla predispuesta, si no había medido bien los espacios, si había escrito en los márgenes de su vida. Porque aunque no supiera qué había hecho mal, sabía que se había roto el hilo que unía dos puntos. Es una sensación peculiar. Como un click del ratón, una llave de la luz, un chasquido de los dedos que no escuchas y sin embargo cambia el color de la pantalla del ordenador, la oscuridad de la habitación o la nitidez de tus ojos.
Si Lucia se marchó fue por algo que estaba al margen. Pero los márgenes existen y se escribe en ellos.
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Petra Acero
6 noviembre 2012 at 13:53Muy bien, Akaki. Noto un cambio de estilo, un pequeño flash distinto… y me gusta. De lo general a lo particular consigues un tono universal para tu narración.
Un micro profundo, pero ligero de leer. Muy acertado.
Besoooo
A.M.A.
jorge
7 noviembre 2012 at 21:06Muy chulo, breve pero completo.
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